Palabra Sana - Abril 2019

Una petición de ayuda, para conocer y obedecer la Palabra de Dios.

Salmo 119.17–18 (NTV) Sé bueno con este siervo tuyo, para que viva y obedezca tu palabra. Abre mis ojos, para que vea las verdades maravillosas que hay en tus enseñanzas.

Sé bueno con este siervo tuyo , para que viva y obedezca tu palabra.
No es tan fuera de común que el salmista pide a Dios que sea bueno con él, creo que lo hacemos seguido. Lo que me impresiona es la intención, o el motivo de tras de la petición, para que viva y obedezca tu palabra.

¿Cuántas veces pedimos que Dios sea bueno con nosotros? Pero sí somos honestos, no es más una petición egoísta. Pedimos que nos haga la vida más fácil o que mejora nuestra situación, pero en realidad no va más de nosotros, no servirá a Dios en ninguna manera.
De hecho creo que muchas veces nuestras oraciones no se contestan a nuestro favor porque pedimos mal, como dijo Santiago, Stg 4.3 Aun cuando se lo piden, tampoco lo reciben porque lo piden con malas intenciones: desean solamente lo que les dará placer.*
Aprendemos a pedir con motivos más allá de nuestras narices, si pedimos la bendición de Dios que sea para vivir en obediencia a su palabra y así glorificar Su nombre.

Abre mis ojos, para que vea las verdades maravillosas que hay en tus enseñanza.
Otra cosa que podemos aprender del salmista es que estaba consciente de su necesidad de la ayuda de Dios para entender su palabra y ver más allá de lo superficial y ver las maravillas en ella, esas que sólo encuentras cuando el Espíritu Santo nos ayuda a escarbar. Es la diferencia de recoger flores o descubrí oro.
Personalmente quiero encontrar esos trozos maravillosos en la palabra y sé que sin la ayuda de Dios soy incapaz de ver las maravillas que me enamoren más de Él y hacerme crecer en sabiduría y semejanza a Cristo mi Señor.
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Jesse Colón

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